De la desesperación a la Roca: Mi testimonio en Cristo
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» — Juan 16:33
En estos tiempos donde reinan la prisa, el afán y la falta de atención en las cosas verdaderamente importantes, quiero compartir mi testimonio en Cristo de forma sincera y transparente.
Mi nombre es Juan y tengo 52 años. Llegué a los pies de Cristo a los 43, después de estar a punto de perder a mi familia a causa de mis propias decisiones e irresponsabilidades, y tras atravesar uno de los momentos más duros de mi vida.
El desierto de la separación y el quebranto
Debido a la grave crisis que atravesaba Venezuela desde la llegada de Chávez al poder, me vi obligado a tomar una difícil decisión. Mi esposa y mis dos hijas menores se habían ido a los Estados Unidos tres años antes, luego de sufrir un traumático atraco que nos llevó a plantearnos la necesidad de emigrar.
Intenté salvar mi negocio y mantenerlo funcionando mientras ellas ya vivían allá. Sin embargo, no me quedó otro remedio —ante la dolorosa posibilidad de perder a mi familia— que hacer las maletas y alcanzarlas, dejando atrás a mi madre enferma, a mis hermanos, a mi hija mayor, mis metas y mi país.
Llegué destrozado. Hoy entiendo también cómo el enemigo intensificó su lucha en mi contra, pues sabía que en ese viaje estaba a punto de perder su dominio sobre mí al conocer a mi Señor Jesucristo.
La prisión de la ansiedad y el orgullo
Apenas aterricé en Estados Unidos, la ansiedad que venía arrastrando se profundizó. Tenía el sistema digestivo severamente afectado por los nervios y, sin estar consciente de ello, sufría constantes ataques de pánico.
Vivía cada día víctima del miedo, la inseguridad y las mentiras que el enemigo sembraba en mi mente. En mi desesperación, pensaba constantemente en abandonar a mi familia y regresar solo a Venezuela.
Por su parte, mi esposa —a quien le hice la vida muy difícil debido a mis malos tratos, infidelidades y hostilidad— se había convertido al cristianismo en Venezuela, en contra de mi voluntad y de mi férrea oposición.
Sin embargo, firme en su fe, ella continuó cultivando su relación con Cristo junto a nuestras dos hijas. Al llegar a Estados Unidos, ellas se congregaban en una iglesia local y, con profunda paciencia y misericordia, me invitaban a acompañarlas. Pero yo me resistía con una terquedad vehemente.
Los meses transcurrían en un infierno nocturno: pasaba noches enteras sin poder conciliar el sueño para luego tener que levantarme a trabajar. Consulté a varios médicos que me diagnosticaron ansiedad, hipertensión y colon irritable, recetándome ansiolíticos por primera vez en mi vida. Puse mi confianza en las pastillas, pero mi angustia era tan grande que a veces ni aumentándole las dosis lograba dormir.
El abrazo del Padre: La rendición
Un día, completamente agotado, derrotado y sin saber a quién más recurrir, decidí acompañar a mi esposa a la iglesia.
Casualmente, esa noche había una vigilia de oración e intercesión. Apenas crucé la puerta y comencé a escuchar la alabanza, las lágrimas brotaron de mis ojos de forma abundante. Sentí una necesidad imperiosa de tirarme al suelo y alzar las manos en señal de total rendición a Jesucristo, reconociendo que me había vencido.
Por fin entendí que me moría por Su abrazo: el hijo pródigo había regresado a casa.
Desde ese instante comenzó mi caminar con Cristo y un hermoso proceso de sanación. Con el tiempo pude dejar las pastillas, Él restauró mi salud y devolvió la paz a mi hogar y a mi matrimonio. Dios transformó mi corazón, haciéndome una persona mucho más humilde, agradecida y con un profundo arrepentimiento por el daño causado, sembrando en mí el deseo de restituir y parecerme cada día un poco más a Él.
La razón de Carpenter's Diary
No voy a mentirles diciendo que desde entonces todo ha sido fácil. Como es normal, seguimos atravesando pruebas y situaciones duras. Pero Jesús nos advirtió que en el mundo tendríamos aflicciones, y nos dejó en Su Palabra las armas para caminar en victoria.
Siento la responsabilidad y la necesidad de compartir este humilde testimonio, porque lo que por gracia hemos recibido, por gracia estamos en la obligación de darlo. Deseo con todo mi corazón que estas líneas sirvan para la edificación y salvación de quienes aún no Le conocen o de quienes, como yo en su momento, se resisten a formar parte de Su rebaño.
Por este motivo, y con el anhelo de servir al propósito de Dios, iniciamos este espacio en Carpenter's Diary: para compartir historias reales, testimonios de transformación y practicar un cristianismo genuino, alejado de todo fanatismo; un cristianismo que nos permita vivir una relación cercana y sincera con nuestro Padre Celestial en el diario vivir.
Gracias por leer estas líneas. Les recuerdo que unidos en Cristo somos más fuertes. ¡Que Dios les bendiga!
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